Este mes en BACO viajamos al corazón de Rioja Oriental para descubrir una bodega donde el vino, la familia y el arte conviven de una forma única: Bodegas Ontañón.

Con raíces que se remontan a varias generaciones de viticultores en el pequeño pueblo riojano de Quel, la familia Pérez Cuevas ha construido un proyecto profundamente ligado a la tierra, al paisaje de la Sierra de Yerga y a una manera muy personal de entender el vino. Lo que comenzó como una elaboración familiar y artesanal terminó convirtiéndose en una de las bodegas más singulares de Rioja.

Ontañón no es solo una bodega. Es también el Templo del Vino, un espacio donde las barricas conviven con esculturas monumentales, mitología clásica y arte contemporáneo, creando una experiencia sensorial única para quienes la visitan.

Hemos hablado con la familia Pérez Cuevas para conocer mejor su historia, su vínculo con Rioja Oriental y el futuro de un proyecto que combina tradición, territorio y creatividad.

 

Ontañón es una bodega profundamente familiar. ¿Cómo nace el proyecto y qué papel juega la familia en su día a día?

Ontañón Familia es un proyecto profundamente familiar, impulsado por la familia Pérez Cuevas, con raíces que se remontan a varias generaciones en el mundo del vino en La Rioja. El origen se sitúa en el pequeño pueblo riojano de Quel (en Rioja Oriental), donde la familia Pérez Cuevas lleva vinculada a la tierra y al viñedo desde hace más de 80 años. Durante décadas, elaboraban vino de forma artesanal en su bodega familiar principalmente para consumo propio o venta a granel a otras bodegas.

El nacimiento formal de Bodegas Ontañón como proyecto comercial y embotellador ocurre a mediados de los años 80, de la mano de Gabriel Pérez, viticultor y bodeguero pionero en la zona y su esposa Mari Luz Cuevas. Ambos tomaron las riendas en los años 70-80, decidiendo elaborar y comercializar sus propios vinos, en un momento en que en toda Rioja Oriental apenas existían unas pocas bodegas embotelladoras. Ontañón nació así como el proyecto originario y emblemático de la familia, centrado inicialmente en la esencia clásica de Rioja, con viñedos propios en torno a Quel y las faldas de la Sierra de Yerga.

Con el tiempo, la familia ha expandido su visión: Ontañón se ha convertido en una bodega icónica en Logroño (con su Templo del Vino, un espacio único que combina arte, con obras dedicadas a la Mitología Clásica del artista riojano Miguel Ángel Sainz, y enoturismo), y ha dado lugar a otros proyectos como Queirón (el regreso a los orígenes en Quel, liderado por Gabriel y materializado a partir de 2011) y Rippa Dorii (en Ribera del Duero y Rueda), configurando la actual compañía bodeguera Ontañón Familia.

En el día a día, la familia sigue siendo el corazón de la empresa. Los cuatro hijos de Gabriel y Mari LuzRaquel, Leticia, Rubén y María (cuarta generación)— dirigen activamente las diferentes áreas: Raquel es directora de la bodega y, desde junio de 2025, presidenta del Consejo Regulador de la DOCa Rioja (la primera mujer en la historia en desempeñar este cargo); Leticia es responsable de la viticultura; Rubén dirige la enología; y María, la más joven, se ocupa de funciones como equipo humano o gestión interna. Es un modelo donde la familia no solo es propietaria, sino que trabaja codo con codo en viñedo, bodega, elaboración, comercialización y enoturismo. Esta implicación directa asegura que el proyecto mantenga su carácter personal, apasionado y ligado a la tradición riojana, mientras innova y crece.

 Vuestra bodega es casi un museo, con una fuerte conexión entre vino y arte. ¿De dónde surge esa unión y qué aporta al visitante y al vino?

La unión entre vino y arte en Bodegas Ontañón surge directamente de la visión y la pasión de Gabriel, fundador junto a su esposa Mari Luz, y del profundo respeto que la familia Pérez Cuevas siente por el vino como algo mucho más que una bebida: lo consideran una obra de arte viva, un regalo de la tierra y de la historia que merece ser honrado y elevado a lo sublime.

La materialización artística vino de la mano de una gran amistad: la del propio Gabriel con el artista riojano Miguel Ángel Sainz, quien creó las obras permanentes que definen el espacio. Estamos hablando de enormes esculturas (como el emblemático centauro, símbolo de la bodega, o las figuras de Oinopion y Pholos), pinturas, vidrieras y elementos que convierten las salas de crianza (con miles de barricas) en un museo vivo. El arte no es decorativo: custodia y acompaña el proceso de envejecimiento del vino, como si los dioses velaran por su perfección.

 Transforma la visita en una experiencia sensorial, emocional y casi espiritual, muy diferente de una cata convencional. El recorrido por el Templo del Vino invita a descubrir el “arte de beber vino”, combina belleza visual con la narrativa mitológica del vino (su origen divino, su poder civilizador) y genera una conexión más profunda y memorable. Muchos visitantes lo describen como inolvidable: sales impactado no solo por el sabor del vino, sino por la atmósfera mágica, las esculturas monumentales y la idea de que el vino es cultura, historia y arte vivo.

Trabajáis mucho la identidad de Rioja Oriental. ¿Qué caracteriza a esta zona y cómo se refleja en vuestros vinos?

La identidad de Rioja Oriental es uno de los pilares fundamentales de Ontañón Familia, especialmente porque nuestras raíces más profundas están en esta subzona, en el pueblo de Quel y las faldas de la Sierra de Yerga. Trabajamos mucho esta zona porque representa nuestra esencia: un territorio auténtico, menos conocido que otras partes de Rioja, pero con un potencial enorme para vinos con carácter, profundidad y una marcada personalidad mediterránea.

Los viñedos de Quel (como los de parcelas recónditas en Yerga, a menudo entre 600-800 m de altitud) no están en monocultivo aislado: forman parte de un tejido vivo integrado en un paisaje montañoso y agreste. Estamos rodeados de monte bajo mediterráneo (encinas, coscojas, romero, tomillo, aliaga, lavanda silvestre y otras plantas aromáticas que perfuman el aire y atraen polinizadores), árboles y cultivos dispersos (olivos centenarios, almendros, cerezos, ciruelos), fauna silvestre (insectos beneficiosos, aves, pequeños mamíferos y reptiles) y suelos vivos (arcillo-ferrosos, pedregosos, con excelente drenaje y baja fertilidad). La cubierta vegetal espontánea fomenta hongos micorrícicos, bacterias y lombrices, mejorando la estructura del suelo sin aportes químicos excesivos. Como dice nuestra directora técnica Leticia Pérez Cuevas, el suelo y su biodiversidad son la base de la pirámide de la vida en el viñedo: los viñedos se convierten en un elemento más del ecosistema.

El resultado es una huella aromática y sensorial única, influida directamente por la biodiversidad: 

- Aromas balsámicos intensos: notas de monte bajo (tomillo, romero, hierbas secas), arrastradas por el viento desde las sierras. 

- Fruta roja silvestre y madura: frambuesa, fresa del bosque, mora, cereza, con toques de higo o ciruela, complejizada por la polinización cruzada y el microclima fresco de altura. 

- Mineralidad y salinidad: grafito, piedra húmeda, toques salinos que evocan los suelos pedregosos y el monte calizo. 

- Especias sutiles: pimienta blanca, canela ligera, y un fondo floral delicado (violetas o flores silvestres), que Francois Chartier llama el “eslabón perdido” del terroir: la biodiversidad aporta compuestos volátiles que enriquecen la identidad aromática de la uva.

Si alguien prueba Ontañón por primera vez, ¿qué vino le recomendaríais para entender vuestra esencia? ¿Y por qué?

Si alguien prueba Ontañón por primera vez, le recomendaríamos empezar con Ontañón Crianza. Es nuestro vino más emblemático y el que mejor resume la esencia de la familia Pérez Cuevas y de todo el proyecto.

¿Por qué precisamente este? 

Es el “vino esencial” de la casa: representa lo fundamental, la identidad de Rioja Oriental (nuestra tierra de origen en Quel y la Sierra de Yerga), la tradición riojana clásica reinterpretada con mimo familiar, y el equilibrio perfecto entre fruta, estructura y elegancia. No es el más caro ni el más extremo, pero sí el que condensa nuestra historia, filosofía y estilo en cada botella. Refleja nuestra raíz y evolución: nace de un coupage estratégico de Tempranillo (de viñedos de altura, que aportan frescura, acidez y taninos finos) y Garnacha (de cepas viejas en laderas, que da calidez mediterránea, fruta madura y expresividad típica de Rioja Oriental). Es un homenaje a la diversidad varietal de nuestra subzona, a la biodiversidad del entorno y a la tradición de crianza riojana (unos 12-14 meses en barrica, para pulir sin tapar la fruta).

Es accesible y revelador para un primer contacto: en nariz despliega fruta negra y roja madura (mora, cereza, ciruela), toques florales sutiles, especias dulces, balsámicos y un fondo mineral que evoca la piedra de Yerga. En boca es equilibrado, sedoso, con taninos aterciopelados, acidez viva y longitud que invita a seguir bebiendo. Es gastronómico y versátil (carnes, embutidos, arroces, quesos), y muchos lo describen como “Rioja en estado puro, pero con alma de Rioja Oriental”: cálido pero fresco, tradicional pero vivo.

Conecta con el resto de la familia: una vez que lo pruebas, entiendes por qué Ontañón es el proyecto originario (desde 1985), el que abrió la puerta a Queirón, al Templo del Vino y al arte, y a Rippa Dorii. Es la puerta de entrada perfecta: si te enamora, querrás explorar más profundo (Antología, LaGarnacha, Mi Lugar…).

 ¿Qué proyectos o novedades tenéis en marcha para el futuro? ¿Hacia dónde evoluciona Ontañón en los próximos años?

En Ontañón Familia, el futuro se construye sobre raíces profundas pero con una mirada siempre hacia adelante, fiel a nuestra esencia familiar: tradición riojana, pasión por el territorio, innovación sin artificios y compromiso con la sostenibilidad y la experiencia del visitante.

Enoturismo y el Templo del Vino: Seguimos reforzando el Templo del Vino como epicentro cultural y sensorial. Hemos ampliado experiencias como el “Viaje Iniciático al Vino” (cata inmersiva que combina mitología, arte y sentidos) y otras propuestas temáticas. El Wine Bar La Sacristía es punto de encuentro diario para catas informales de toda la familia de vinos (Ontañón, Queirón y Rippa Dorii), a solo minutos del centro de Logroño.

Vendimias y vinos recientes: La vendimia 2025 fue desafiante por el clima (baja producción pero calidad excepcional), con vinos de gran potencial de guarda: estructura sólida, taninos redondos y elegantes, y frescura notable. Seguimos trabajando estas añadas y profundizando en colecciones limitadas de Queirón (viñedos centenarios y de altura) y novedades en la línea Insólitos.

Rippa Dorii y expansión en Castilla: El proyecto en Ribera del Duero y Rueda avanza con foco en viñas ancestrales y expresiones puras. Recientes reconocimientos (como 94 puntos a Geografías Salomón 2021) impulsan ediciones especiales ecológicas y de parcela única.

Hacia el futuro, evolucionamos hacia una madurez más integrada y global: fortalecer la identidad de Rioja Oriental y Quel como “la Rioja recóndita” (más vinos de viñedo singular, Garnacha histórica, Tempranillo de altura y colecciones limitadas que cuenten historias de parcelas); reforzar nuestra apuesta por los blancos; mantener los vinos esenciales (como Ontañón Crianza) como base, mientras innovamos con Versos Sueltos, Insólitos y proyectos experimentales como Ensayos Capitales.

Después de conocer la historia de Ontañón, queda claro que estamos ante mucho más que una bodega. Es un proyecto familiar donde el vino se entiende como cultura, paisaje y expresión de un territorio.

Desde los viñedos de Quel y la Sierra de Yerga, pasando por el singular Templo del Vino en Logroño, Ontañón ha sabido construir una identidad propia dentro de Rioja, reivindicando la personalidad mediterránea y la biodiversidad de Rioja Oriental.

🍷 Puedes descubrir sus vinos en nuestra tienda física o en nuestra web.
🎧 Y si quieres escuchar la conversación completa con la bodega, no te pierdas el nuevo episodio de Momentos DiVinos, nuestro podcast. (Disponible muy pronto)

Nos vemos en BACO, con una copa en la mano de Ontañón.